EL TRASVASE DEL EBRO
Martes, 5. Febrero 2008 21:17
Hace unos días, hablando con una persona residente en Madrid, tuve la oportunidad de constatar que los aragoneses no hemos sabido vender bien en el resto de España nuestra oposición al proyecto del trasvase del Ebro. El reduccionismo aplicado astutamente sobre el tema por parte de los partidarios del proyecto, ha hecho que sigamos apareciendo en el escenario nacional como una cuadrilla de aldeanos insolidarios (expresión utilizada por el sr. Hernando, secretario de organización del PP en su momento) sentados encima del botijo (expresión usada por Felipe González cuando era presidente del gobierno).
El punto clave de la cuestión no es otro que el del peso de los votos. Aragón tiene 1.200.000 habitantes, mientras que las comunidades del arco mediterráneo sobrepasan los 15 millones. Esto hace que conservar ese vivero de votos lleve, en este caso al Partido Popular, a defender todas las propuestas surgidas en el levante.
El argumento que da inicio al proyecto de trasvase, es que las comunidades de Valencia y Murcia necesitan agua. ¿Agua?, pero si la huerta murciana ha sido siempre famosa por su fertilidad y por sus sensacionales frutas y hortalizas… ¿Qué ha cambiado entonces?
Yo, al contrario que la mayoría de los partidarios del trasvase, que no han venido a Aragón a conocer nuestra realidad, quise conocer sobre el terreno qué está ocurriendo en esas comunidades. El paisaje que me encontré fue clarificador. Cientos de urbanizaciones a lo largo de todo el litoral, llenas de campos de golf y extensiones inmensas de césped, urbanizaciones de chalets con su piscina individual cada uno, etc… La cultura de la especulación, el pelotazo y la violación de las leyes urbanísticas (recordemos casos muy recientes como Totana o Los Alcázares ) ha germinado en el litoral mediterráneo y ha brotado con una fuerza que ha aumentado exponencialmente las necesidades de agua en la zona. Otro fenómeno a reseñar es que, recién aprobado el proyecto del trasvase, y como en su día denunciaron varias organizaciones ecologistas, se iniciaron roturaciones ilegales de montes protegidos para destinarlos a cultivo, así como cambio de cultivos de olivos (secano) a frutales (regadío).
El resto lo hizo la demagogia política. Los agricultores levantinos, en vez de alzar su voz contra la especulación y el brutal desarrollo urbanístico en sus comunidades, encontraron en Aragón ( dirigidos por Camps y Valcárcel ) al enemigo perfecto para justificar el origen de todas sus penas.
Mientras, Aragón intenta hacer oír su escasa voz. Aragón es un territorio árido entre dos cadenas montañosas (Pirineos y Sistema Ibérico), con un río Ebro que lo atraviesa de oeste a este. Este Aragón que Aznar considera “España verde”, tiene en su territorio el desierto estepario más grande de Europa, Los Monegros. Tiene tres desiertos de menor tamaño utilizados como campos de tiro , San Gregorio, Caudé y Las Bardenas. Siendo Aragón la cuarta comunidad en extensión, más de la mitad de sus habitantes viven en Zaragoza. Con estos datos, y con la agricultura y ganadería como eje básico de su economía, Aragón condiciona su desarrollo a la disponibilidad de agua.
Y es que ese agua que necesita Aragón, no llega. La lleva esperando casi 100 años, desde los tiempos de Costa, sin que las obras de regulación eternamente prometidas se lleven a efecto. Y ahí nace nuestra oposición. No es un afán insolidario con los demás, sino una reivindicación de que se nos dé lo que necesitamos hace mucho tiempo. El agua en Aragón ha sido en los tres últimos siglos una preocupación constante. Insignes figuras como Costa o Pignatelli han hecho del uso racional del agua una constante. Aragón depende de un río Ebro tan irregular como largo en extensión. Sus avenidas invernales ( torpemente utilizadas por políticos ignorantes) contrastan con sus terribles estiajes que lo permiten cruzar a pie sin mojarse las rodillas.
La Expo 2008 y el nombramiento de la UNESCO como sede del Secretariado Internacional del Agua hacen que Zaragoza se haya consolidado como la capital mundial del agua . Porque en Aragón sabemos lo que es no poder disponer del agua, nos preocupa su uso racional, su calidad y su justo reparto. Sin discusiones políticas, sin clientelismo alguno, sin especulación.
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