LOCURA ROJA

No quería caer en la obligación, por muy futbolero que uno sea, de hablar del mundial de fútbol, del mes que hemos vivido viendo la ilusión de muchos países depositada en sus equipos nacionales, ni siquiera de la histórica victoria de España. Pero, ¡qué quieren que les diga! Esto ha sido muy grande.
Ya en su día hablé sobre el efecto social del fútbol, que va mucho más allá que el de una mera actividad deportiva. Y eso es lo que, en una proporción realmente brutal, se ha puesto de moda estos últimos días. Las calles repletas en toda España, con la euforia popular desatada como nunca se había vivido en este país, han sido el mejor termómetro sociológico para valorar cómo está España.
El partido contra Paraguay tuve la oportunidad de verlo en una localidad costera de la Costa Brava catalana, en un bar a pie de calle. Los balcones llenos de banderas españolas, y la euforia post-partido con los coches haciendo sonar sus cláxones y la gente bailando por la calle, nos dan una idea de dos cosas. Una, que en este país, el hecho deportivo (Nadal, Alonso, selección española de basket, de fútbol, etc…) está ayudando mucho a perder ese absurdo complejo de usar nuestros símbolos, nuestra bandera, de proclamar con orgullo que nuestro país, con sus defectos, es un gran país, y uno de los lugares donde mejor se vive del mundo.
La segunda cosa es la certificación de que en Cataluña, como en el País Vasco, existe un abismo entre lo que proclaman cuatro politiquillos, la mayoría de ellos corruptos, y lo que la gente de verdad, el pueblo llano, piensa y siente. El ridículo resultado del referéndum de aprobación del Estatuto de Cataluña, en el que sólo votaron uno de cada tres catalanes, y esta explosión de españolidad en los balcones y calles de toda Cataluña refrenda sin ambages esta idea.
La espectacular cifra de banderas nacionales vendidas, agotadas en la mayor parte de las tiendas, doy fe de ello, es otro de los aspectos que refuerza que por fin, transición y gilipolleces políticamente correctas aparte, no nos asusta proclamar que, además de aragoneses, riojanos o asturianos, somos españoles, y que este proyecto común, merece la pena, porque como alguien dijo un día, la unión hace la fuerza.
Y no me gustaría terminar sin recordar a uno de los protagonistas de este Campeonato del Mundo, y es Paul, el pulpo con dotes adivinatorias. Hoy me he enterado que no podrá pronosticar en la próxima Eurocopa, puesto que la vida media de un pulpo es de dos años. Gracias Paul, por darnos ilusión y apoyo, y allí donde estés, recuerda que fuiste parte de una victoria histórica.
