LA OPORTUNIDAD PERDIDA
Jueves, 27. Mayo 2010 22:43

Confieso que soy uno de esos ilusos que, al comienzo de esta crisis que nos está tocando vivir, pensé que esta nueva situación podía servir para cortar de raíz determinados usos y costumbres que, en el fragor de la exultante bonanza económica pasaban más o menos desapercibidos, y que ahora sería el momento ideal, además con una buena excusa, para desterrarlos de por vida.
Pero nada más lejos de la realidad. Mi gozo en un pozo. La tormenta continúa, empiezan a abrirse algunos pequeños claros, y aquí nadie ha hecho nada.
Uno de los temas más avergonzantes, el de las Cajas de Ahorros, parece que comienza a solucionarse aunque sea a golpe de intervención del Banco de España. Que no se haya acabado con esta anacrónica y absurda figura financiera aprovechando esta crisis es una rémora que iremos arrastrando durante muchos años.
Y es que la politización de las Cajas es un freno absolutamente inaceptable para el inexorable camino hacia su desaparición. Esos órganos de poder de estas entidades “sin ánimo de lucro”, han sido durante muchas décadas una fuente de reparto de poder, influencias y favores , que sería impensable en un Banco privado con su consejo de administración y sus órganos de control.
La más que ridícula presencia de Caja Cádiz en la mejor calle de Huesca, o la de Caja Teruel en el centro de Huelva, pagando alquileres de escándalo, han sido la nota dominante en estos últimos diez años. El ego regional de las Cajas en una especie de nueva conquista de territorios nos ha llevado a situaciones absurdas de todo punto. Y ahora, como es lógico, sobran más de la mitad de las entidades.
Y en vez de fusionarse en bloque y crear nuevas grandes entidades con la vista puesta en la futura conversión a bancos, pues resulta que les da por las llamadas “fusiones frías”, una especie de la jibamos con vistas a la calle, en las que conservan su nombre y gran parte de su independencia, porque claro, la Caja de la Ribera del Tiétar no puede perder su personalidad ni su implicación tan importante con ese territorio. Su obra social (al final volvemos a las influencias) le obliga.
Cuando esta mañana pensaba en escribir sobre este tema de las Cajas, me crucé con el coche oficial del presidente de la Diputación Provincial, un coche de alta gama, el mismo que utiliza el presidente Zapatero. Inmediatamente he recordado que un contacto me comentó el otro día que va a ser sustituido en breve por otro exactamente igual. Así que no puedo por menos de unirlo también a la lista de oportunidades perdidas.
La propia existencia de las Diputaciones Provinciales es otro de los anacronismos que arrastramos en este país, y que nadie se atreve a eliminar. La creación en Comunidades como Aragón de los Consejos Comarcales, mucho más lógicos y cercanos al ciudadano rural, debería haber puesto ya en el disparadero a estos entes provinciales. Pero de eso nada, amigos. Que un alcalde de un pueblo, que es lo que es el presidente de una Diputación Provincial, se pasee en el mismo coche que un presidente de Gobierno, a costa de los contribuyentes, es de una desfachatez sin parangón.
Son dos ejemplos a los que podríamos añadir más, de aquellas cosas a las que se debería meter mano ahora que es el momento de ponernos serios. Acabar con la gran cantidad de autónomos que defraudan al Estado declarando cifras de negocio ridículas o ser más duro con los aplazamientos en los pagos de las grandes empresas a sus proveedores o de las Instituciones públicas a los suyos son otras de las asignaturas que se nos van a quedar pendientes.
Pero en fin, los ilusos como yo seguiremos soñando con una España en la que haya menos chorizos y menos vividores a costa de los impuestos que el resto de los españoles pagamos religiosamente.
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