GUARDIOLA
Martes, 22. Diciembre 2009 13:26

Sábado 19 de diciembre de 2009. El F.C. Barcelona acaba de ganar su sexto título en un año, lo que le convierte en el mejor equipo de fútbol de todos los tiempos. Los jugadores celebran abrazados la consecución de este último título, cuando la cámara nos ofrece la imagen de su entrenador, apartado unos metros, llorando en soledad como un niño, incluso con hipo.
Es la explosión de la tensión acumulada durante más de un año. La válvula de escape de un tío tranquilo que ha hecho historia en el fútbol español. Hace un año y medio, cuando fue nombrado entrenador del Barsa, muchos pensamos que iba a durar lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Por aquel entonces, su experiencia como entrenador se reducía a haber dirigido al filial barcelonista, que milita en la Segunda B, una categoría muy lejana de la élite de este deporte. La complejidad de un vestuario donde había grandes pesos pesados como Messi, Eto’o, Henry, etc…hacía presagiar un corto periplo en esas nuevas lides.
Sin embargo, José Guardiola nos ha sorprendido a todos. Su imagen tímida de niño bien educado, su hablar respetuoso y la humildad en su proceder no han sido impedimento, o quizás han sido la clave, para revelarse como un gran motivador y gestor de recursos humanos, como se dice ahora.
Su estilo ha contribuido, aún a pesar de las salidas de tono politiqueras de su presidente Laporta, a engrandecer la imagen del Fútbol Club Barcelona. Y es que, después de ver a la fauna de entrenadores y futbolistas de la liga española, la aparición de personas “normales” como Guardiola o Iniesta han colaborado en esa necesaria normalización del fútbol, en ese proceso que debe iniciar este deporte de vuelta desde esas galaxias de lujo y prepotencia donde se había instalado hacia una ubicación más lógica y cercana al mundo real. No se trata de pedir demagógicamente que les bajen el sueldo a todos los futbolistas, pero sí de exigir a los dirigentes que no pierdan la cabeza por tener a tal o cual jugador en sus filas.
La aparición de tipos como Guardiola en la vida pública traen un soplo de aire fresco a una muy viciada atmósfera de tontería y estupidez. Sus lágrimas espontáneas, tratadas inútilmente de reprimir, eran sin duda el colofón de grandeza y loa a la figura de este tipo tímido y escuchimizado que ha hecho que su equipo humano se haya convertido en el mejor del planeta en su especialidad, algo que para sí quisieran muchos directores comerciales o responsables de recursos humanos de cualquier empresa del mundo.
Enhorabuena, Guardiola, y a ver si toman nota muchos jefes que todavía creen en la motivación negativa, en el grito o en la exageración como forma de dirección de equipos humanos. A veces el éxito está más cerca y es más fácil el camino de lo que nos pensamos.
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