FERRER Y RONALDO
Lunes, 29. Junio 2009 10:16
Hay veces en las que el destino, caprichoso como él solo, hace coincidir en un mismo momento dos noticias que se contraponen, con la intención imaginaria de hacernos pensar un poquito. Esto ha ocurrido estos días pasados cuando han coincidido en los medios las noticias del fichaje por parte del Madrid de Cristiano Ronaldo y la muerte en India de Vicente Ferrer.
Dinero y pobreza, juventud y ancianidad, frivolidad y compromiso, derroche y hambre, son tantos los contrastes que evocan estas dos figuras, que podríamos llenar cientos de folios.
El fichaje del jugador portugués es el estandarte de la política del nuevo presidente del Madrid, Florentino Pérez, un constructor metido a directivo futbolero que ya en su primera etapa dirigiendo la entidad blanca confeccionó un equipo lleno de grandes divos del fútbol, donde brilló más el glamour de prensa rosa que el fútbol, y cuyos resultados deportivos fueron bastante decepcionantes teniendo en cuenta la supuesta gran plantilla que conformó.
El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y Pérez, que piensa más en su beneficio económico vendiendo camisetas y derechos de imagen que en el buen fútbol, lleva camino de volver a crear un vestuario en el que en vez de oler a sudor, huela a perfume del caro.
Mientras tanto, y nada más conocer su fichaje, Ronaldo se fue a Nueva York a celebrarlo montando una noche de desenfreno y sexo con una de las mujeres de moral más relajada del planeta, Paris Hilton. Toda una declaración de intenciones acerca de lo que hará durante sus estancia en Madrid.
Y mientras todo esto sucedía en occidente, en la India fallecía el ex jesuita español Vicente Ferrer, el amigo de los pobres. Este hombre, incómodo para los gobernantes, como lo fue Jesucristo, problemático para la Compañía de Jesús, que quería que se limitase a dar clase, y querido a rabiar por el pueblo llano, ha sido un auténtico ejemplo de la aplicación práctica del mensaje de Jesús.
Su legado rompe categóricamente con esa excusa que muchos damos para no implicarnos en la ayuda a los demás: “si es que una persona sola qué puede hacer…” Vicente Ferrer comenzó solo su trabajo en India. Hoy, su fundación protege a más de ciento veinte mil niños en aquel país. Con más entusiasmo que medios, con más ganas que ayudas, Vicente Ferrer ha demostrado que no hace falta ser millonario para poder ayudar a los demás, y que esa ayuda se note y se traduzca en desarrollo y esperanza de futuro.
Con la muerte de Ferrer a la Iglesia Católica le ha aparecido una incómoda piedra en el zapato. La beatificación de Vicente Ferrer es una obligación en un mundo falto de testimonios de este tipo. La escasa propensión del Vaticano a beatificar laicos puede jugar en su contra.
Beatificar a Ferrer, y acelerar en la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta, son dos pasos de urgente ejecución dentro de la Iglesia. La comparación con la polémica y acelerada santificación de José María Escrivá, Fundador del Opus Dei, hace mucho daño a la Iglesia de base y refuerza la idea de que si detrás del optante no hay una fuerza económica grande, el proceso no llega a buen término.
Para finalizar, sólo una reflexión. Con un día de sueldo de Ronaldo, se pueden construir dos escuelas y varios pozos en el territorio donde Vicente Ferrer se dejó la vida ayudando a los pobres. Así de claro, así de triste.
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