FAGO
Viernes, 30. Enero 2009 10:05
Fago es un pequeño pueblo del Pirineo Aragonés, junto a Ansó. Para llegar a él hay que recorrer una serpenteante carretera, por llamarla de algún modo, que transcurre junto a las laderas de unas montañas pobladas de exuberante vegetación. Un pueblo perdido de apenas treinta habitantes de cuya existencia la mayoría de los españoles desconocíamos. O por lo menos hasta la noche del 12 de enero de 2007…
La historia del crímen de Fago, devuelta a la actualidad por la próxima celebración del juicio, es de esas historias que atraen nuestra atención y nos hacen tomar partido y emitir opinión acerca de lo ocurrido en ese pequeño pueblo pirenaico.
Dos amigos llegan al pueblo, procedentes de Zaragoza, con la intención de iniciar una nueva vida, más en contacto con la naturaleza. Conforme se van asentando, y sus negocios van creciendo, lo hacen también sus disputas.
Los dos poseen casas de turismo rural, una a 50 metros de la otra. Como ocurre en este país, al primer terreno al que se lleva la disputa es al de la política. Los dos pretenden ser el gallo en el gallinero, y se presentan a las elecciones municipales uno por el PP y el otro por el PSOE, en calidad de independientes.
Grima se convierte en el alcalde. A partir de ahí, otra característica típica de nuestra esencia nacional, la utilización del poder político para acaparar poder, favorecer a los amigos y destrozar a los enemigos. El pueblo se divide entre los agraciados por las decisiones del alcalde, y los que van acumulando inquina contra la figura de un regidor según ellos completamente despótico. Grima acumulaba más de 40 denuncias por parte de vecinos de Fago.
El final, como todos sabemos, es el propio de las películas de cowboys. Emboscada y pum, pum, darle matarile al enemigo al que no pudiste convencer o vencer en otros terrenos. En el suelo, quedan los cartuchos asesinos, sucios todavía de deudas pendientes, incomprensión, absurdas disputas y cerrazón a raudales. Es el final tantas veces repetido en la historia de éste nuestro país. Desde los romanos hasta nuestro días, con capítulos especialmente absurdos en nuestra guerra civil, éste ha sido el final elegido por muchos para dar punto y final a conflictos enquistados o arraigadas envidias.
Asusta pensar cómo la cordura salta en pedazos cuando el rencor, la venganza o el odio acumulados llegan al punto de ebullición. Mainar, una persona tranquila y cerebral, es hoy el único imputado en una causa que, dos años después, todavía es tema tabú en el pueblo. La desaparición de los dos personajes principales de este drama, debería devolver la calma a un pueblo que cargará siempre con la pesada carga de un crimen que nunca debió suceder.
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