PIQUETE INFORMATIVO
Miércoles, 11. Junio 2008 22:14
Estos últimos días, y con motivo de la huelga de los transportistas, hemos visto reaparecer en la escena pública la triste figura de los mal llamados “piquetes informativos”, esa combinación de terrorismo callejero y coacción mafiosa que tanto gusta a los sindicatos españoles.
Los sindicatos ¡ ay los sindicatos españoles!. Sin duda la asignatura pendiente de la democracia española. Estas organizaciones, politizadas hasta la médula, que sirven de cobijo, no a los mejores representantes de los trabajadores, sino a los que menos ganas tienen de trabajar.
Resulta patético escuchar el lenguaje de los dirigentes sindicales, más propio de principios del siglo XX que de la España de hoy. Conceptos como lucha de clases, patronos, resistencia, etc.., todavía perviven en el por otra parte escaso vocabulario de dichos dirigentes.
Y es en ese ambiente, donde el piquete hace acto de aparición como culmen del desprecio por la libertad. Estos que se autodefinen como defensores de los trabajadores, se convierten en vulgares enemigos de la libertad al evitar, mediante el uso de la fuerza, la coacción y con el cobarde amparo de la turba, el fundamental ejercicio del derecho al trabajo. Todo aquel que no comulga con sus razonamientos, se convierte automáticamente en enemigo. Es decir, el mismo argumento con que los terroristas justifican sus atentados o las bandas de neonazis sus palizas a minorías étnicas.
Pero eso sí, estos últimos casos toda la sociedad los repudia, mientras que los actos de los piquetes quedan en muchos casos olvidados cuando cesa la huelga. Deberíamos tener en cuenta que, en cuanto ataques directos a la libertad del prójimo, estos actos son comparables a la acción de un ladrón, de un violador o de un maltratador.
La sociedad española merece otros sindicatos. Menos paniaguados con el poder político, más preparados, y con la mentalización clara de que el empresario no es un enemigo del obrero, de que las empresas no son el cortijo de un propietario, sino el proyecto común de una persona que arriesga su dinero, y otras que comparten con él sus talentos para lograr un beneficio común. Espero que con el paso de los años, y con la desaparición de esa generación que todavía nos separa a los españoles entre rojos y fachas, empresarios y obreros, huelguistas y esquiroles, la cosa en la relación laboral mejore notablemente. España lo merece.
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