Lunes, 5. Mayo 2008 23:04
Se dice que el logotipo de una empresa es su tarjeta de visita. Pero yo creo que es mucho más. El logo es atracción, es representación, es identidad. El logo llega a ser la empresa, e incluso en algunos casos, llega a tener más valor que el propio producto. Siempre he sido contrario a la excesiva modificación de los logos. Hay empresas que, a expensas de sus creativos de marketing, se lanzan a radicales cambios de imagen en los que el logotipo acaba modificándose de tal manera que pierde totalmente su identidad y su esencia
De la misma forma, creo que un logo no tiene por qué ser necesariamente modernizado. El logo de más valor de todos los tiempos, Coca-Cola, no ha variado en lo esencial en más de 120 años de historia, manteniendo un tipo de caligrafía caída en total desuso en nuestros días. Lo mismo ocurre con General Electric, la mayor empresa del mundo, cuyo logo mantiene las mismas características de caligrafía inglesa y antigüedad que la del refresco norteamericano.
Curiosamente, si analizamos las rankings de marcas con más valor en el mundo, prácticamente ninguna de ellas ha “jugado” con el logo, y todas conservan su imagen tradicional.
Por todo esto, he de confesar que no me pareció nada adecuado el cambio de logo de Adidas allá por 1996.
Acostumbrado al logo tradicional del trifolio (o trébol), el cambio al impersonal y rectilíneo logo actual me pareció fuera de lugar, y me hizo pensar que una época se había acabado. Pues bien, me cuentan ( y yo mismo he podido comprobarlo en algunas tiendas), que el logo de las tres hojas, ese que la marca había arrinconado sólo para algunas colecciones clásicas, está volviendo con fuerza en sudaderas, zapatillas, camisetas, etc…
Probablemente, lo que en un principio se puede considerar un error –apartar la imagen tradicional-, sirva para relanzar ahora con más fuerza una imagen que nunca debió perder su protagonismo
Si rectificar es de sabios, los responsables de marketing de Adidas se han portado como tales. Y aunque tengo muchas posibilidades de equivocarme, no me extrañaría que el que se vaya arrinconando poco a poco, sea el logo aburrido, rectilíneo y presuntamente moderno que vino a comerse el mundo.