PIRATAS
Lunes, 28. Abril 2008 23:31
Estos días hemos permanecido todos con el alma en vilo por lo que les pudiera pasar a los tripulantes del barco Playa de Bakio, asaltado y secuestrado frente a las costas de Somalia por un grupo de piratas, y felizmente liberado tras el pago –intuímos- del correspondiente rescate.
Supongo que la primera imagen que a todos nos vino a la cabeza fue la de los piratas de las películas que hemos podido ver desde que éramos unos chavales. Hombres guerreros y borrachines que asaltaban galeones para quedarse con los magníficos tesoros que transportaban en sus bodegas.
Pero conforme íbamos recibiendo informaciones, la cruda realidad se abría paso entre nuestras imaginarias peleas a espada en la proa del galeón. La realidad de estos modernos piratas no es sino la realidad del tercer mundo, la de unos países abandonados a su suerte que se debaten entre las encarnizadas guerras civiles y las constantes hambrunas. Países como Somalia en los que los gobiernos no tienen fuerza para frenar el poder de pequeñas organizaciones a mitad de camino entre la tribu y la mafia.
En ese contexto, las demostraciones de fuerza son muchas veces la forma de sobrevivir en un mundo terriblemente hostil. Muchos de esos grupos han encontrado en el secuestro, la forma de arrancarle al primer mundo el dinero necesario para cubrir las necesidades de sus familias, a la par que para ampliar su poderío paramilitar.
El primer mundo, ese que va a pescar a sus aguas en vez de enseñarles a los lugareños a pescar para que sobrevivan, deberá algún día pararse a reflexionar sobre las actuaciones en Africa. El occidente europeo continúa con la equivocada política de los Estados Unidos , la política de no acabar con las guerras intestinas africanas mientras consuman armas occidentales. La política de castigar los cultivos que , como el algodón, pueden hacer sombra a las plantaciones y el consiguiente control de precios norteamericano. La política de no permitir el desarrollo de vacunas o medicamentos genéricos para no acabar con el negocio de los grandes laboratorios. La política en definitiva del pisotear al pobre para ser cada día más rico y poderoso.
Pero cuidado, que la globalización, que nos ha dejado cosas muy positivas, ha hecho que el mal también se extienda, y no hay peor mezcla que la de hambre, incultura y armas. Y esta bomba de relojería que se está cociendo en Africa puede explotarnos en nuestras cuidadas y enjoyadas manos occidentales.
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